El día después del fin del Castrismo
Un usuario me ataca en las redes sociales, porque afirmo de manera optimista que el régimen comunista de los Castro, en Cuba, acabará pronto.
Me insulta, dice que soy un estúpido, como si la estupidez fuera algo suscitado por factores externos y no por una creación de su propia mente y de sus erradas ideas bajo presión del adoctrinamiento.
Los insultos en redes sociales, no son más que una manifestación del miedo; también este fenómeno se observa en los animales (¿Casualidad?). Ojo, no quiero decir que los animales tengan redes sociales, por lo menos no digitales. Je je. Sin embargo, cuando acorralas a un gato; o cuando lo tratas de agarrar en su intento de escapar, puede arañar tu piel dramáticamente, por supervivencia. Al igual sucede cuando acorralas los argumentos de un individuo adoctrinado.
Así considero los insultos de las redes sociales, amparadas por el anonimato. En el fondo es temor; la reacción a no admitir el temor. Cuando otro es valiente, el ser humano se siente amenazado simbólicamente y reacciona con violencia. Nadie, sin una buena racionalización o justificación quiere parecer cobarde o canalla.
En el caso de la población cubana, muchos de los que aparentemente apoyan al régimen de La Habana, lo hacen desde el miedo. Apoyan al régimen, porque fuera del amparo del régimen tendrían que ser responsables de sus propias decisiones, y de sus tristes existencias.
Dejen que les explique, porque puede parecer extraño. La propaganda del régimen comunista de La Habana, ha tratado de mantener a la gente sometida a un estado de ingenuidad impostada. Ha convertido a muchos en esclavos, seres que sin el cordón umbilical de la dictadura, no se sentirían capaces de funcionar en una sociedad libre.
Mi padre solía decir: “Cuando éramos chiquitos, nos pusieron una pañoleta en el cuello; nos dieron una libreta de racionamiento; y nos dijeron que los americanos eran malos”.
De esta manera tan peculiar, mi padre siempre caracterizó el adoctrinamiento.
Erick Fromm lo explicó de manera espectacular y diferente, en su libro “El miedo a la libertad” cuando dijo:
“Si el hombre no puede adaptarse al mundo como una fuerza creadora, se ve impulsado a buscar seguridad sometiéndose a poderes externos que destruyen su libertad”.
Uff, mejor escrito imposible. La dependencia no es más que temor. No a algún peligro real, sino a la idea de que no podrían funcionar por sí mismos. La simple idea de dejar de ser autómatas, les da frío en el estómago, como si se asomaran a un abismo. La libertad, permite acceder a la opcionalidad que el totalitarismo destruye, y esto suele provocar vértigo en sociedades mimadas por las ideologías del igualitarismo.
Tal vez este sea el mayor reto que deberá enfrentar la sociedad cubana, una vez que el régimen familiar de los Castro desaparezca. Sin embargo, es importante entender que en libertad el ser humano aprende, porque en el fondo también la libertad es adictiva, y el pueblo de Cuba no será la excepción. El proceso será gradual, pero luego de 67 años, la mayoría, incluso los defensores de lo indefendible, entienden que el tiempo es el activo más importante porque no se recupera, y nadie está diseñado para vivir sometido a una vida sin propósito.
José Rey Echenique


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